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Por El Ahuizote.
Lo que México presenció recientemente no fue solo un discurso oficial, sino un punto de inflexión histórico. Ante los amagos y las tensiones provenientes del gobierno norteamericano, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó una arenga que resuena con la fuerza de una mandataria que comprende el mandato histórico que el pueblo de México le confirió en las urnas. Con una determinación inquebrantable, Sheinbaum demostró que la soberanía nacional no se negocia, plantándose con un temple envidiable ante el vecino del norte.
Este despliegue de dignidad contrasta drásticamente con la larga noche del entreguismo mexicano. El carácter y ovarios mostrado por la presidenta ya lo hubieran querido para sí los expresidentes de la era tecnócrata y neoliberal:
- Luis Echeverría y José López Portillo: Quienes, a pesar de sus retóricas tercermundistas, terminaron arrodillando la economía nacional ante los organismos financieros internacionales.
- Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo: Los arquitectos del remate del patrimonio nacional, que pusieron al país al servicio del “Tío Sam”.
- Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto: Mandatarios que profundizaron la subordinación geopolítica, convirtiendo la política exterior en un ejercicio de sumisión y complacencia a Washington.

El costo del servilismo: Pobreza y neoliberalismo
No es coincidencia que durante esos sexenios de subordinación se disparara la pobreza en México. El modelo neoliberal, prohijado desde el extranjero y aplaudido por las élites locales, condenó a millones de mexicanos a vivir y morir en la marginación. Aquellas fueron décadas de espejismos macroeconómicos y retóricas vacías, una realidad dolorosa que las generaciones que la padecieron ni olvidan ni perdonarán.
“La sumisión del pasado no fue diplomacia; fue el desmantelamiento de la dignidad nacional para beneficiar a unos cuantos.”
La oposición frente al espejo de la traición
Desde el quiebre histórico de 2018, cuando llegó el primer presidente de izquierda electo democráticamente en casi un siglo, los privilegios de esa vieja clase política comenzaron a desmoronarse. Hoy, los remanentes de aquellos partidos tradicionales intentan alimentarse de la crispación, pero se topan con una realidad infranqueable: su falta de autoridad moral.
Frente a la postura firme de la presidenta Sheinbaum, cabe preguntarse:
- ¿Cómo van a justificar los partidos de oposición su sutil —o evidente— respaldo a la injerencia norteamericana?
- ¿Con qué cara saldrán a pedir el voto ciudadano quienes prefieren alinearse con intereses extranjeros antes que con su propio gobierno?
El veredicto de la historia
La oposición política en México necesita un cambio radical de discurso y de brújula ética. En la memoria colectiva del país, si algo no se perdona, es la traición a la patria. El entreguismo ya no es una opción rentable ni política ni electoralmente. Al final del día, serán nuevamente las urnas las que testifiquen el sentir de la población, ratificando que el amor por México y la defensa de su soberanía son hoy el eje central de la identidad nacional.