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Por Fernando P.
A las cinco de la mañana, Ecatepec no despierta: simplemente toma aire. El rugido de los camiones, la marea de pasos apresurados hacia la estación del Mexibús o el metro, y el crujido del metal de los pequeños comerciantes abriendo sus puestos marcan el compás de una máquina humana formidable. Aquí habita el Ecatepec profundo: una población desbordante, multicultural y profundamente trabajadora que sostiene una parte vital de la economía del Estado de México y de la capital. Una masa social que madruga, resiste y jamás baja la guardia.
Sin embargo, a este gigante demográfico y laboral le han quedado a deber todos sus gobernantes.
Históricamente, la paradoja de Ecatepec ha sido dolorosa. Es el municipio más poblado del Estado de México y uno de los más grandes del país, condición que lo consolida año con año como el receptor de partidas presupuestales billonarias por parte de la Federación. Pero la riqueza del erario contrasta obscenamente con el desolador abandono de sus calles.
La memoria política no olvida cómo en la época de la alternancia, bajo la administración del PAN con el entonces alcalde Agustín Pastrana, salió a la luz que la cabeza del municipio cobraba sueldos escandalosos —cercanos a los 400 mil pesos mensuales—, superando incluso al presidente de la República en turno. Después vinieron décadas de hegemonía priista donde la estructura presupuestal sirvió más para el patrocinio político que para la infraestructura real.
Hoy, bajo los gobiernos de la Cuarta Transformación, la historia no ha cambiado al ritmo que el pueblo merece. Aunque se presume un cambio de régimen, en los últimos trienios la transformación ha sido mínima frente al caudal de recursos que ingresan al municipio. Ecatepec sigue sufriendo de «bomberazos», de obras de relumbrón pensadas para la fotografía de red social que terminan abandonadas a mitad de camino, y de una evidente desconexión entre la autoridad y la exigencia ciudadana.

Las contradicciones están a la vista de cualquiera que camine sus colonias:
- El drama del agua y la infraestructura: En zonas como Chiconautla se aprecian coladeras instaladas sobre calles donde sencillamente no hay red de drenaje. En Tulpetlac, la población debe organizarse para gestionar sus propios pozos de agua y, aun así, enfrentan semanas enteras de desabasto extremo.
- El desorden urbano: El comercio ambulante y los tianguis, válvulas de escape para el desempleo, operan en un vacío institucional alarmante. Basta revisar el Bando Municipal de Policía y Buen Gobierno para constatar cómo a la regulación de la comisión de tianguis apenas se le dedican dos breves párrafos, dejando a la deriva la reordenación del espacio público.
- La seguridad y la movilidad: Calles fracturadas, baches históricos e inseguridad persistente forman el paisaje cotidiano al que la población, lamentablemente, ha tenido que acoplarse para sobrevivir.

Ecatepec no puede seguir gobernándose con improvisación ni con la lógica de colocar paños de agua tibia sobre heridas estructurales. No basta con colgar la bandera de un partido para prometer el cambio; se requiere visión de Estado, sensibilidad social y, sobre todo, una enorme creatividad técnica y presupuestal.
En este punto de inflexión, parece que las bases de Morena y la cúpula nacional han comenzado a abrir los ojos. La propia Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, ha dejado claro que el municipio requiere atención prioritaria y un compromiso real con la justicia social, no simulaciones. La contienda interna por el rumbo del municipio ya no es un mero trámite: se ha convertido en un debate de fondo sobre qué perfil debe abanderar los destinos de Ecatepec.

Frente a la continuidad de fórmulas que han mostrado su falta de creatividad, visión y orden en su gobierno; el trabajo por encimita —como la gestión de figuras como Azucena Cisneros y Fernando Vilchis quienes vieron en Morena una marca para tener poder y no el compromiso con la ciudadanía de Ecatepec; la primera al mero estilo de Sandra Cuevas, donde aparece hablando maravillas del líder de la Chokiza”, la historia ya la conocen, el segundo duró seis años, debiéndole a Ecatepec agua, alumbrado público, seguridad; y así quiso contender para la gubernatura pensando que el efecto Obrador de nuevo lo iba a beneficiar; pero, de la nada, para tener fuero se cambió al PT y tener una curul —. Ahora emergen perfiles arraigados al territorio, cartas fuertes, salidas desde la estructura de Morena como Luz María Hernández, quienes entienden la urgencia de dotar de verdadera dignidad al municipio y conocen a fondo los principios originarios de la Cuarta Transformación. La disputa no es por un cargo; es por definir si Ecatepec seguirá atado a las obras superficiales sin sentido social o si finalmente tendrá una administración a la altura de su gente.

El pueblo de Ecatepec no se detiene a esperar a que los políticos decidan trabajar; su dinamismo diario exige soluciones al mismo ritmo en que se levanta a laborar. Este municipio no es un territorio de segunda ni un cheque en blanco presupuestal. Ecatepec es el corazón latente del Estado de México, y la ciudadanía se prepara para ser el juez definitivo que exija, de una vez por todas, un gobierno de gran calado para un pueblo incansable; decidirá si apoya a Azucena Cisneros y su improvisada apuración por mantenerse en el poder tres años más o el sentido social que busca Luz María Hernández para poner en el plano estatal y nacional a Ecatepec como un municipio próspero con alto Índice de Desarrollo Humano.