Día del Maestro en el Edomex; entre el festejo oficial y la indefensión laboral en Media Superior

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Por: El Ahuizote

El Día del Maestro suele ser una jornada de discursos solemnes, felicitaciones institucionales y promesas de revalorización docente. Sin embargo, en el Estado de México, detrás del confeti y los aplausos oficiales, que son plausibless y honestos; existe un sector del magisterio que no tiene nada que celebrar. Nos referimos a las maestras, maestros y personal al servicio de la educación media superior mexiquense, quienes hoy se encuentran en una profunda situación de indefensión laboral, atrapados entre el abuso de poder y el pragmatismo político de cúpulas que han olvidado su verdadera razón de ser.

Es una realidad incómoda pero innegable: una parte de la educación media superior en la entidad se encuentra fracturada por asociaciones disfrazadas de sindicatos. Estos grupos no operan bajo la lógica de defender el salario, las prestaciones o la dignidad de la clase trabajadora; su verdadera agenda es el control político y la supervivencia de sus propios privilegios ante los cambios de régimen.

La muestra más clara de este gatopardismo —cambiar todo para que nada cambie—. Al percatarse de la llegada de Morena al gobierno estatal, estas dirigencias corrieron a tejer alianzas a nivel nacional con un único objetivo: blindarse y volverse “intocables” ante autoridades federales y estatales replicando viejas y cuestionables fórmulas de supervivencia como las que encabeza José Alberto Monterubio Sosa en la asociación ATAYA del Colegio de Bachilleres del Edomex. Mientras estas élites aseguran su futuro político, el docente de a pie, el que sostiene las aulas todos los días, sigue desprotegido.

La paradoja es alarmante. En pleno 2026, bajo un marco legal que presume la libertad sindical a nivel federal, un grueso sector del magisterio estatal mexiquense de media superior carece de derechos laborales básicos. No tienen la libertad real de elegir un sindicato democrático ni de organizarse de manera independiente porque el monopolio fáctico de estas asociaciones se los impide. Existe una exclusión y una discriminación sistemática: o se alinean a la fuerza corporativa, o quedan en el limbo del desamparo laboral; ya que, un número considerable, entre maestros y administrativos con base o nombramiento no han sido sindicalizados; es decir que hay más trabajadores al servicio de la educación que agremiados en ATAYA desde hace más de un lustro o incluso una década; siendo sujetos a la discriminación y segregados por sus incondicionales delegados en cada uno de los planteles; aún cuando el Artículo 69 de la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado establece que todos los trabajadores tienen derecho a formar parte de sindicatos y a constituirlos sin necesidad de autorización previa, garantizando su libertad de adhesión o separación.

Por eso, este Día del Maestro no puede ser solo de simulación. Es el momento histórico para que la gobernadora Delfina Gómez Álvarez tome cartas en el asunto. Por primera vez, el Estado de México es gobernado por alguien que no solo ostenta el máximo poder político de la entidad, sino que comprende perfectamente las entrañas del aula: una mujer orgullosamente maestra.

La gobernadora tiene en sus manos la oportunidad de hacer justicia social y congruencia política. Se vuelve urgente que el gobierno estatal busque y diseñe mecanismos institucionales para que los maestros de educación media superior mexiquense tengan el derecho efectivo a ser sindicalizados, sin condicionamientos, sin exclusiones y sin el yugo de facciones que ven a la educación como un botín electoral, económico y no como el pilar del desarrollo social; por ello, el llamado a la secretaría del trabajo y previsión social del edomex y de la federación, para que haga un censo sobre trabajadores de la educación pública de la mecionada institución eductiva y vea la condición sidical de sus trabjadores.

Garantizar la libertad sindical y democratizar las organizaciones laborales en el bachillerato estatal no es una concesión, es una deuda histórica. Si queremos transformar la educación en el Estado de México, debemos empezar por dignificar a quienes la imparten. Dignidad para el magisterio mexiquense; ni un maestro más en la indefensión.

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