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Por Ulises M.
La viralidad en la era digital suele ser el termómetro de los sentimientos colectivos más profundos y reprimidos de una sociedad. Recientemente, el insulto lanzado por un aficionado hacia el magnate televisivo Ricardo Salinas Pliego —calificándolo como la “perrita de Trump”— trascendió el simple vituperio de redes sociales para convertirse en un síntoma geopolítico. Más allá de la crudeza del lenguaje, la frase conectó con una herida histórica en el imaginario mexicano: el rechazo hacia aquellos sectores de la élite económica y política que buscan en Washington el respaldo que no logran conseguir en las urnas de su propio país.
Para entender el peso de esta expresión, es necesario viajar al siglo pasado, a las entrañas de la diplomacia más pragmática y cínica del imperialismo estadounidense.

El origen de la patente: De Somoza a la actualidad
Durante la dictadura de Anastasio Somoza Debayle en Nicaragua, mientras diversos sectores sociales, la iglesia y la comunidad internacional clamaban por la destitución del tirano debido a sus sistemáticas violaciones a los derechos humanos, en la Casa Blanca se acuñó una frase que definiría la política exterior de intervención y expansionismo estadounidense:
“Puede que sea un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra”.
Esta máxima describe a la perfección la tutela imperial: no importa la moralidad, la democracia o la soberanía del país satélite, siempre y cuando el actor en turno sirva a los intereses de Washington como el gobierno de Ecuador y Argentina.
Hoy, en el contexto de la llamada Cuarta Transformación (4T), el fenómeno parece repetirse de forma inversa. Figuras de la oposición política y empresarial, como el propio Salinas Pliego o Alejandro ‘Alito’ Moreno, parecen hacer fila en el aparato político estadounidense, esperando ser adoptados bajo esa vieja lógica tutelar “Perritas de Trump”. Ante las reiteradas amenazas de Donald Trump de estigmatizar a México o incluso sugerir intervenciones militares utilizando el combate al narcotráfico como pretexto, la genuflexión, arrodillamiento o empinamiento de ciertos liderazgos locales es percibida por gran parte del pueblo no como diplomacia, sino como una abierta conspiración entreguista.
O como Javier Milei quien ha criticado duramente el modelo político y económico de México y calificado al expresidente Andrés Manuel López Obrador de “ignorante” y “patético”. Del mismo modo, ha cuestionado las políticas de la presidenta Claudia Sheinbaum. Milei sostiene que el modelo mexicano representa un retroceso, mientras que Sheinbaum responde que las políticas libertarias de Milei han empobrecido a la sociedad argentina.
La cancha como espejo de la geopolítica: El caso Ecuador
Esta narrativa de subordinación y uso del estigma del “narco” como arma política no es exclusiva de las fronteras norteñas; ha comenzado a permear en la región latinoamericana de formas grotescas, llegando incluso al terreno deportivo.
Tras el reciente encuentro futbolístico donde la escuadra de Ecuador no pudo vencer al combinado mexicano, ciertos sectores de la prensa ecuatoriana y Argentina actuaron bajo este mismo libreto de sumisión discursiva, justificando su fracaso deportivo bajo la infamia de que la delegación andina fue “amenazada por el narco”.
- La inconsistencia del argumento: Si México representara ese peligro latente para la integridad deportiva, la FIFA jamás le habría otorgado la sede mundialista.
- El trasfondo real: Esta injuria no es un hecho aislado, sino el eco de una profunda crisis diplomática que arranca desde el pasado 5 de abril de 2024, cuando el gobierno de Daniel Noboa ordenó el asalto armado a la embajada mexicana en Quito —una violación flagrante al artículo 22 de la Convención de Viena— para capturar al exvicepresidente Jorge Glas.
La hostilidad ha escalado del plano diplomático al económico y al mediático. Cabe recordar que, como mecanismo de presión, la administración ecuatoriana implementó en febrero de 2025 un severo arancel a las mercancías mexicanas, escudándose de forma unilateral en un déficit comercial.
Conclusión: Sin hermandad ni dignidad
El fútbol, que debería ser un espacio de hermandad y sana competencia latinoamericana, terminó evidenciando las carencias identitarias de quienes prefieren arrodillarse ante narrativas extranjeras antes que aceptar una derrota en la cancha. Al igual que los políticos que viajan a Washington buscando el cobijo del poder estadounidense, los dueños de la narrativa futbolística ecuatoriana corrieron a “chillarle a las faldas de su madre para que les regresenn las canicas” del prejuicio internacional para no asumir su incapacidad deportiva.
Quien haya lanzado semejante calumnia contra México no solo demuestra una preocupante bajeza moral, sino que le debe una disculpa pública a nuestra nación. Asimismo, las instituciones internacionales como la FIFA no deberían dejar pasar de largo estas acusaciones sin fundamento, sancionando severamente el uso de la estigmatización geopolítica en el deporte. Al final del día, la historia es clara: las naciones soberanas se respetan, y los “hijos de perra” del imperio, tarde o temprano, se quedan solos.