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Por: El Ahuizote
Con el adelanto de los tiempos electorales y la efervescencia previa a la renovación de los 125 ayuntamientos en el Estado de México, asistimos nuevamente al recurrente espectáculo de la política local: aspirantes y alcaldes en funciones desplegando campañas mediáticas e itinerantes, haciendo hasta lo imposible por llamar la atención y captar el voto de la ciudadanía. Sin embargo, la premisa de la que parten muchos de ellos olvida un factor determinante: tres años son más que suficientes para evaluar a un gobernante.

Municipios con alta densidad poblacional y complejas problemáticas urbanas son demarcaciones con diversos actores políticos que buscan dar continuidad a sus mandatos mediante la reelección o catapultarse a nuevos espacios de poder. La pregunta ineludible que la sociedad debe formularse es sencilla: ¿el intento de permanecer en el cargo responde a la consolidación de un proyecto de bienestar comunitario a través de obras, servicios y atención eficiente, o es simplemente la búsqueda del poder por el beneficio personal?

Tres años de hechos, no de discursos de última hora
La reelección municipal en México nació bajo la premisa teórica de profesionalizar la administración pública y premiar los buenos gobiernos. No obstante, la experiencia práctica ha demostrado que a menudo se convierte en un mecanismo para perpetuar inercias, prácticas de opacidad o dinámicas de impunidad donde se gobierna para unos cuantos y no para la totalidad de la población.
| Elemento de Evaluación | Expectativa Ciudadana | Realidad Frecuente |
| Servicios Públicos | Cobertura de agua, luminarias, bacheo y recolección. | Respuestas improvisadas y obras de relumbrón al cierre de trienio. |
| Seguridad Pública | Estrategia integral y atención a cuadrantes. | Uso propagandístico de la corporación para imagen pública. |
| Atención Ciudadana | Puertas abiertas y resolución de trámites. | Cierre de canales hasta el arranque de periodos de votación. |
| Discurso Político | Propuestas de infraestructura y desarrollo. | Polarización, confrontación y generación de animadversión. |
Los habitantes del Estado de México no parten de cero. Han vivido durante tres años el día a día de sus calles: el estado de los servicios, la efectividad o deficiencia en la seguridad y el trato en las ventanillas de atención pública. Por ello, la sobreexposición mediática en la víspera de las urnas difícilmente podrá tapar los desaciertos o borrar los aciertos reales cometidos durante la gestión.

La responsabilidad de partidos e instituciones
El proceso democrático no depende únicamente del electorado; la responsabilidad de los partidos políticos e instituciones electorales es mayúscula. Resulta indispensable que las fuerzas políticas abandonen el pragmatismo desmedido y filtren de forma rigurosa sus candidaturas. Presentar perfiles viables, honestos y verdaderamente comprometidos con las necesidades de la gente es la única vía para garantizar contiendas competitivas y evitar el descrédito de las instituciones.
Es momento de elevar el nivel del debate político. Los discursos enfocados en generar odio o polarización entre la ciudadanía deben ser desterrados para dar paso a propuestas reales de mejora urbana, social y económica.
El voto como filtro de la impunidad
Las elecciones son, en esencia, el juicio de evaluación de la sociedad sobre quienes aspiran a dirigir las riendas de un municipio. La ciudadanía tiene ante sí la oportunidad de aquilatar lo vivido, reflexionar de manera consciente sobre el rumbo de sus comunidades y emitir un voto razonado.
Que ganen los perfiles que verdaderamente hayan demostrado merecer el encargo por su trabajo, transparencia y compromiso social; y que aquellos que recurrieron a la ineficiencia o al favoritismo enfrenten el rechazo en las urnas. La democracia mexiquense solo se fortalecerá cuando el veredicto popular sea el freno definitivo a la impunidad y la puerta de entrada a verdaderos servidores públicos. ¿ Y usted está satisfecho con su presidente o presidenta municipal?