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Por: El Hauizote
Guanajuato, durante más de tres décadas presumido como la joya de la corona y el modelo de buen gobierno del Partido Acción Nacional (PAN), atraviesa una crisis social y de seguridad insostenible. Mientras los titulares de la nota roja contabilizan víctimas a ritmo diario —con fines de semana sangrientos donde más de una decena de personas pierden la vida en ejecuciones e incidentes violentos—, la cúpula política del estado y sus referentes históricos parecen más ocupados en la grilla partidista y en la supervivencia electoral que en devolverle la tranquilidad a los ciudadanos. ¿En qué momento se perdió el rumbo y la memoria en la entidad guanajuatense?

La pregunta resuena con fuerza frente al actuar de las figuras centrales del panismo. Por un lado, resulta preocupante el legado de administraciones locales que condicionaron la coordinación institucional por mero cálculo político, como en su momento lo dejó ver el exgobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo al admitir o justificar su desdén por las mesas de seguridad federales. Ese desdén, trasladado al ejercicio gubernamental, se traduce en una falta de alineación estrategia-policial que solo ha beneficiado al crimen. ¿Acaso la seguridad de las familias guanajuatenses vale menos que un posicionamiento partidista frente al Gobierno de la República?

A la par, el espectáculo que ofrece la vieja guardia nacional del PAN expone una profunda incongruencia ideológica. Resulta irónico ver a figuras como el expresidente Vicente Fox —aquel que llegó a Los Pinos prometiendo sacar al PRI de la residencia oficial y acabar con los “hijos de la… revolución”— posando en alianzas y estrechando manos con las dirigencias más cuestionadas del tricolor, encarnadas por personajes como Alejandro ‘Alito’ Moreno. La narrativa contra la corrupción y el “modelo Guanajuato” que catapultó la alternancia en el año 2000 ha sido sacrificada en el altar del pragmatismo electoral.
Los guanajuatenses no merecen vivir bajo la sombra de la impunidad ni atrapados en medio del fuego cruzado de la delincuencia y los discursos políticos vacíos. La población votó por certeza, por desarrollo y por tranquilidad, no para convertirse en un botín de la “politiquería”.
Es urgente un viraje de 180 grados:
- Coordinación real e institucional: Guanajuato debe alinearse y colaborar de forma estrecha con las fuerzas federales de seguridad, dejando a un lado los colores partidistas y las culpas cruzadas.
- Gobiernos presentes y responsables: Las autoridades locales deben asumir la responsabilidad directa de las Policías Municipales y de la Fiscalía Estatal en lugar de rehuir al escrutinio.
- Menos campaña, más gestión: Es tiempo de sustituir las estrategias de desinformación y las alianzas cupulares por resultados medibles en la pacificación del territorio.
Si la dirigencia y las autoridades emanadas de Acción Nacional continúan privilegiando el cálculo para la próxima contienda sobre el dolor de las familias que pierden a sus seres queridos, la factura popular será inevitable. La confianza de un pueblo no es un cheque en blanco, y hoy Guanajuato exige, antes que cualquier ambición política, el derecho fundamental a vivir en paz.