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Por Ulises M.
La historia política del Estado de México dio un vuelco definitivo en las urnas. Durante décadas, la entidad fue considerada la “joya de la corona” del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el bastión electoral y económico más poderoso del país, y la cuna de una dinastía —el Grupo Atlacomulco— que entendía el poder como un objeto de glamour, herencia y tradición.

Hoy, al cumplirse tres años de la gestión de la Maestra Delfina Gómez Álvarez, el balance no solo es administrativo, sino profundamente simbólico. El camino no fue sencillo: la hoy gobernadora enfrentó en su momento feroces ataques mediáticos y campañas de descalificación diseñadas para frenar sus aspiraciones frente al viejo régimen Priísta. Sin embargo, la justicia política llegó de la mano de los ciudadanos, quienes decidieron arrebatarle el control al monopolio tricolor para inaugurar una nueva era.
El cambio más radical ha sido el estilo de gobernar. El Estado de México pasó de los despachos alfombrados y la frivolidad de los escritorios a una administración de territorio. Delfina Gómez ha caminado los municipios, demostrando que el poder se ejerce escuchando y no simulando.
A tres años de distancia, la transformación ya no es solo una promesa de campaña; se ve, se usa y se respira en la entidad a través de resultados tangibles:
Resultados que transforman el territorio
El giro en las políticas estatales se respalda con indicadores económicos y de seguridad que rompen con la inercia del pasado:
- Liderazgo económico: El Estado de México se ha consolidado como el primer lugar nacional en generación de empleos, una cifra que sepulta la narrativa de que el cambio político ahuyentaría la inversión.
- Seguridad y justicia: En un rubro históricamente doloroso para los mexiquenses, se registra una reducción histórica del 60.6% en homicidios dolosos, resultado de una estrategia de inteligencia y coordinación diaria.
- Finanzas sanas: La austeridad gubernamental ha permitido sanear las arcas públicas, demostrando que el dinero rinde cuando se administra con honestidad.
“El poder solo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás”. Esta premisa resume el fin de la era Atlacomulco y el inicio de una gestión volcada a los sectores más vulnerables.
Infraestructura, programas y la alianza federal
La obra pública y la movilidad han tenido un impulso sin precedentes mediante rehabilitaciones y proyectos de conectividad, salud y educación que llevaban años congelados en la burocracia. El campo mexiquense, las mujeres (a través de esquemas de apoyo directo y sin intermediarios), así como la niñez y la juventud, son hoy el eje central de la política social.
Este avance ha sido posible gracias a dos factores clave: la coordinación plena con el Gobierno Federal encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, y la capacidad de la gobernadora para colaborar de manera institucional con los diferentes poderes, organismos y municipios del Estado de México, sin importar colores partidistas.
A tres años de distancia, el Estado de México ha dejado de ser el feudo de unos cuantos para convertirse en el hogar de una transformación en vialidades, obras y orden. El legado de la Maestra Delfina Gómez apenas se está escribiendo, pero el giro de timón ya es irreversible: el poder en el Edoméx ya no pertenece a una dinastía; pertenece a la gente.