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El Ahuizote.
Durante años, el Tren Interurbano México-Toluca fue el emblema de la ineficiencia y del despilfarro gubernamental. Una obra que parecía no tener fin, hundida en sobrecostos, corrupción y retrasos interminables, mientras los ciudadanos del Valle de México seguían padeciendo trayectos inhumanos de hasta cuatro horas diarias entre sus hogares y sus trabajos. Cada sexenio pasaba y el tren seguía siendo una promesa incumplida, testigo de cómo la falta de voluntad política podía frenar incluso los proyectos más necesarios para la gente.

Fue necesario un cambio de visión para rescatar lo que muchos ya consideraban un monumento al fracaso. Bajo el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, el proyecto fue retomado con la decisión de concluirlo y devolverle su sentido social. No fue tarea fácil: se encontraron irregularidades, sobrecostos y una red de complicidades que explicaban por qué el tren seguía detenido. Sin embargo, con una reorientación técnica y presupuestal, la obra finalmente avanzó, y fue bajo la gestión de Claudia Sheinbaum cuando el Tren Insurgente se consolidó como un ejemplo de continuidad y responsabilidad pública.

El resultado es más que un tren: es un símbolo de que las grandes obras pueden y deben tener un propósito humano. El trayecto que conecta el oriente del Valle de México con Toluca deja de ser una “excursión obligada” para convertirse en un viaje eficiente, moderno y digno. Es la recuperación del tiempo, ese recurso tan valioso que millones de personas pierden todos los días en el tráfico. Cada minuto ganado en transporte es un minuto que puede dedicarse a la familia, al descanso, al estudio o simplemente a vivir.
La modernización del transporte no es un lujo, sino una necesidad fundamental en una de las zonas urbanas más congestionadas del país. Reducir el desgaste físico y emocional de los trabajadores es también una forma de justicia social. El Tren Insurgente no resolverá por sí solo los problemas de movilidad, pero marca una ruta hacia el futuro que debe consolidarse con nuevos proyectos y una visión integral del transporte público.

En ese sentido, el papel del gobierno de la maestra Delfina Gómez es clave al priorizar el mantenimiento de vialidades, la ampliación de rutas del Mexibús y la coordinación metropolitana hacia la mejora del transporte público que circula en las calles y avenidas de la zona más poblada del país; son pasos necesarios para que esta modernización no se quede en un solo proyecto, sino que se convierta en una política sostenida de movilidad digna y sustentable.
Los mexiquenses exigen —y merecen— un transporte público de calidad. El Tren Insurgente es una muestra de que cuando se gobierna con compromiso y visión, las obras dejan de ser elefantes blancos y se transforman en motores de bienestar. Lo que antes fue símbolo de corrupción y desperdicio, hoy puede ser el inicio de una nueva etapa en la historia de la movilidad mexicana.