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El Ahuizote
En un país a menudo ahogado por el ruido de la polarización, hay figuras que nos recuerdan la importancia de mirar hacia arriba. Julieta Fierro es una de ellas. Su nombre es sinónimo de curiosidad, de pasión contagiosa y de la asombrosa capacidad de traducir los secretos del cosmos en un lenguaje que enciende la imaginación de niños, jóvenes y adultos. Ella es, sin duda, la científica más querida de México, y su legado viviente es un llamado urgente a la acción.

Necesitamos más científicos como Julieta Fierro. Personas que, con una energía inagotable, demuestren que la ciencia no es un conocimiento arcano reservado para unos pocos, sino la herramienta más poderosa que tenemos para entender el mundo y transformarlo. Su trabajo de décadas ha despertado miles de vocaciones, ha invitado a generaciones enteras a hacerse preguntas y ha demostrado que una sociedad que ama el conocimiento es una sociedad con futuro.
Es imperativo que su invaluable aporte, y el de tantos otros, no se diluya en el olvido o la indiferencia. Hoy más que nunca, México necesita un rumbo claro, y ese rumbo debe ser iluminado por el pensamiento crítico y la evidencia. Necesitamos, con urgencia:
Más ciencia y menos politiquería. La ciencia busca la verdad a través de datos y colaboración; la politiquería prospera en la división y el dogma. Mientras la primera construye puentes hacia el futuro, la segunda dinamita los cimientos del progreso.
Más ciencia y menos discursos. Estamos cansados de promesas huecas. La ciencia ofrece resultados: vacunas, tecnologías limpias, entendimiento. Es la acción materializada, el antídoto contra la demagogia que se conforma con aplausos momentáneos pero deja un rastro de problemas sin resolver.
Más ciencia y menos corrupción. Cada peso invertido en un laboratorio, en una beca para un joven investigador o en un programa de divulgación es una inversión directa en la soberanía y el bienestar de México. Desviar esos recursos no es solo un acto de corrupción, es robarle el futuro a la nación.
Más ciencia y más conciencia. Como Julieta Fierro nos ha enseñado al mostrarnos la inmensidad del espacio, la ciencia nos da perspectiva. Nos recuerda nuestra responsabilidad compartida de cuidar nuestro único hogar y de resolver nuestros problemas con inteligencia y humanidad.
Claudia Sheinbaum, lo sabe mejor que nadie. Su propia formación como científica le otorga una comprensión única de esta verdad ineludible: de nada sirve un gobierno sin científicos. Un país que le da la espalda a sus mentes más brillantes está condenado al estancamiento. El legado de gigantes como el premio Nobel Mario Molina, cuyo trabajo salvó al planeta de una catástrofe ambiental, no puede ser solo una estatua o una fecha en el calendario; debe ser un compromiso férreo con las generaciones de científicos que hoy luchan por recursos y reconocimiento.

Es el momento de dejar de relegar a la ciencia y echar mano, con decisión y presupuesto, a las mentes brillantes de este país. Es hora de que el homenaje se transforme en política de Estado.
Larga vida a Julieta Fierro, la mujer que nos enseñó a observar las estrellas. Que su energía nos inspire a construir un México donde la luz del conocimiento disipe para siempre la oscuridad de la ignorancia.