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Por Fernando P.
WASHINGTON D.C. – A poco más de un año de haber regresado a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump enfrenta un desafío que le resulta familiar: el cuestionamiento de su capacidad física y mental para gobernar. Según una serie de encuestas recientes, el descontento no solo crece entre la oposición, sino que comienza a permear en las filas republicanas.

Cifras en declive
El dato más contundente proviene de una encuesta de Reuters-Ipsos, que revela que el 61% de los estadounidenses considera que Trump se ha vuelto “errático” con la edad. Sorprendentemente, el 30% de los propios republicanos coincide con esta apreciación.
Aunque el mandatario de 79 años presume habitualmente de su vitalidad —habiendo pronunciado recientemente el discurso del Estado de la Unión más largo de la historia—, los números cuentan otra historia:
- Confianza a la baja: El porcentaje de ciudadanos que lo consideran “mentalmente agudo” cayó del 54% (septiembre 2023) al 45% actual.
- Salud física: Un sondeo de The Washington Post y ABC News indica que el 51% de la población duda de que tenga la salud física necesaria para el cargo, un aumento de 23 puntos en comparación con el inicio de su campaña.
El “Efecto Espejo” con Joe Biden
Irónicamente, la carrera de 2024 se decidió en gran medida por las dudas sobre la agudeza de Joe Biden. Si bien Trump aún no alcanza los niveles críticos de desconfianza que obligaron a Biden a retirarse (quien llegó a tener apenas un 21% de confianza en su aptitud mental), la tendencia actual de Trump es similar a la que presentaba el demócrata en 2022.
¿Por qué cae la percepción?
Analistas sugieren que este desgaste responde a dos factores:
- Tropiezos públicos: Confusiones verbales recurrentes, como confundir Islandia con Groenlandia, y reportes sobre su estado de fatiga en eventos públicos.
- Falta de transparencia: La lentitud de la Casa Blanca para difundir resultados detallados de sus pruebas médicas y una agenda pública visiblemente más limitada.
Por ahora, el presidente de mayor edad en la historia de Estados Unidos debe lidiar con el mismo escrutinio que terminó por descarrilar la presidencia de su antecesor.