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Por: Fernando P.
COACALCO, Estado de México.
Eran las 8:32 de la mañana del 13 de octubre. Mientras miles de habitantes de la colonia Loma Bonita comenzaban sus actividades cotidianas —unos preparando el desayuno, otros camino al trabajo o a la escuela—, un estruendo seco y ensordecedor cimbró la tranquilidad del municipio de Coacalco. El suelo vibró, los vidrios de las viviendas retemblaron y, en cuestión de segundos, la calma matutina se disipó para dar paso al pánico.

Al salir a las calles y mirar hacia el horizonte, los vecinos se encontraron con una imagen impactante: una densa y oscura columna de humo negro se elevaba con fuerza hacia el cielo, acompañada por lenguas de fuego que devoraban todo a su paso en el interior de una estación gasera local.
En las redes sociales, la alarma se propagó tan rápido como la noticia. Decenas de grabaciones hechas por los propios colonos comenzaron a circular. En una de ellas, el instante exacto del desastre quedó inmortalizado: el destello del estallido, el rugido de la combustión y los gritos de sorpresa de quienes observaban a la distancia sin dar crédito a lo que presenciaban.
Detrás de las llamas, la causa operativa no tardó en confirmarse. De acuerdo con información compartida de Protección Civil de Coacalco, la emergencia se desató debido a una peligrosa acumulación de gas en el interior de una pipa de combustible.
El reporte del Cuerpo de Bomberos local detalló la magnitud del riesgo: en el predio se encontraban dos unidades tipo pipa, cada una con una capacidad de almacenamiento de 40 mil litros. La acumulación de gas en una de las pipas desencadenó el incendio inicial, generando una reacción en cadena que rápidamente alcanzó y envolvió a la segunda unidad.
Ante el inminente riesgo de una catástrofe mayor, las sirenas de las unidades de emergencia rompieron el bullicio de la zona. Bomberos, personal de Protección Civil y paramédicos se movilizaron de inmediato hasta la zona de Loma Bonita, desplegando mangueras y protocolos de evacuación para cercar el fuego y evitar que las llamas se extendieran a las viviendas aledañas.
Entre el olor a gas, el calor sofocante de las llamas y la zozobra de las familias que miraban tras el cordón de seguridad, las corporaciones de rescate trabajaron a marchas forzadas para sofocar el siniestro, dejando en Loma Bonita una mañana marcada por el susto y la contundencia del fuego.