15 de septiembre: Entre el fervor patriótico y el servilismo de la derecha

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Por Ulises M.

Llega otro 15 de septiembre y las calles de México se llenan de verde, blanco y rojo. El retumbar del grito de Independencia nos recuerda el sacrificio de aquellos héroes que, encabezados por Hidalgo y Morelos, prefirieron la muerte antes que la sumisión a un imperio extranjero. Sin embargo, en pleno siglo XXI, la soberanía nacional no se defiende únicamente contra viejas potencias coloniales, sino frente a las presiones desmedidas e intentos de injerencia que constantemente llegan desde el norte. Y es justamente en estos momentos de tensión internacional cuando la máscara de la oposición mexicana termina por caer por completo.

Historicamente, los momentos de crisis han puesto a prueba la fibra moral de nuestro pueblo. En desastres naturales, sismos o emergencias sanitarias, la solidaridad de los mexicanos es innegable. Pero la verdadera unidad nacional no debe manifestarse únicamente ante la tragedia o el escombro; la unidad nacional se construye en la defensa cotidiana de nuestra dignidad, de nuestros recursos y de nuestra autodeterminación como país libre.

Es deplorable observar cómo, ante las amenazas y presiones del gobierno norteamericano contra México, la derecha partidista —encabezada por los remanentes del PRI, del PAN y sus viejos partidos satélites— decide tomar el bando equivocado. Para estos personajes, la soberanía no significa nada si no les genera dividendos políticos o económicos. Frente a la mirada atónita de la ciudadanía, prefieren respaldar la narrativa extranjera antes que cerrar filas con su propio país, demostrando una actitud que raya en el entreguismo y la deslealtad patriótica.

No debería sorprendernos. El pueblo de México tiene memoria. Durante décadas, cuando el PRI y el PAN alternaron e institucionalizaron el poder, lo que realmente consolidaron fue un sistema basado en la corrupción, la impunidad, la violencia de Estado y, sobre todo, un profundo servilismo hacia los Estados Unidos. Gobernaron para satisfacer las agendas externas y proteger los privilegios de una oligarquía voraz a costa del bienestar de la mayoría.

Sin embargo, en 2018 la sociedad mexicana cambió el rumbo de forma contundente. Cansada de la demagogia y de la simulación democrática, la población le cerró las puertas a esos discursos añejos y manipuladores. Desde entonces, el veredicto de las urnas ha sido claro y contundente, dejando a esa vieja clase política reducida a su mínima expresión.

Ante su incapacidad de conectar con la gente, la oposición ha recurrido a su última herramienta: la mentira, la calumnia y la desinformación masiva. Intentan sembrar el miedo y la división a través de datos falsos que, más que convencer, terminan por generar indignación y risa. No les importa pedir abierta o veladamente la intervención extranjera en los asuntos internos de la nación; lo único que les mueve es la ambición desmedida por recuperar el poder que les permitía hacer y deshacer a su antojo.

Por eso, este 15 de septiembre cobra un significado aún más profundo. La mejor manera de honrar a la patria no es solo con festejos, sino con conciencia. Mantener a la sociedad informada es la vacuna más efectiva contra las mentiras de quienes venderían la patria con tal de recuperar sus viejos privilegios. Comprender nuestra historia nos da los elementos necesarios para defender nuestro presente.

México ha demostrado que ya no agacha la cabeza. Ni ante las presiones imperiales del norte, ni ante el servilismo de una derecha que ha olvidado lo que significa ser mexicano. La soberanía no se negocia, se defiende; y la patria, hoy más que nunca, se cuida con unidad, verdad y dignidad.

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