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Por: El Ahuizote.
El Estado de México nunca ha sido territorio para aficionados de la política, pero lo que se vive en estos días en sus municipios ya no es solo efervescencia; es el síntoma de un sistema local que cruje bajo el peso de los excesos, el dinero bajo la mesa y la urgencia de retener el poder a como dé lugar. Con la antesala de las próximas definiciones electorales a la vuelta de la esquina, el suelo mexiquense se ha convertido en un auténtico caldero donde el “fuego amigo”, los golpes bajos y las ambiciones personales están definiendo la agenda pública.
El caso más grotesco de la semana nos lleva directamente a Tenancingo. Lo de la alcaldesa Nancy Nápoles rebasa la ficción: ser vinculada a proceso por simulación de secuestro no es un escándalo menor. Según la fiscalía, el supuesto plagio no fue más que una elaborada cortina de humo familiar para intentar justificar un boquete financiero de nada menos que 40 millones de pesos en las arcas del Ayuntamiento. Que enfrente el proceso en libertad es un tecnicismo legal, pero el veredicto público ya está dado: la audacia para saquear las finanzas municipales parece no tener límites, llegando al extremo de fingir un delito de alto impacto; que siendo de Morena no la exmime de sus responsabilidades legales. ¡Aguas, porque este es un mensaje claro sobre cero impunidad! Por si alguien se cree intocable.

Mientras tanto, en Cuautitlán, la desconexión con la realidad se viste de gala. La alcaldesa Juana Carrillo olvidó muy pronto los manuales de la “pobreza franciscana” al dejarse ver en un palco exclusivo durante el partido México vs. Ecuador, un lujo de más de 100 mil pesos que no pasó desapercibido. El eco del palco llegó directo a Palacio Nacional, en estos días, donde la presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que recordar desde su mañanera que la “austeridad” no es opcional para los servidores públicos. El mensaje fue claro, pero la pregunta queda en el aire: ¿cuántos alcaldes confunden el presupuesto con sus cuentas personales cuando creen que nadie los ve?

Unos kilómetros al lado, en Cuautitlán Izcalli, el presidente municipal Daniel Serrano Palacios se encuentra en lucha de poder con un exalcalde el mismo muncipio, Axel García Aguilera. La disputa por la propiedad de valiosos predios entre la administración local —que defiende el patrimonio público— y el líder de Isgaza es un termómetro del choque de trenes que se avecina. Esto no es solo un pleito legal por metros cuadrados; es una guerra por el control territorial en un municipio clave, un pulso político de pronóstico reservado.


Por si fuera poco, en redes sociales se ha publicado que la presión ciudadana está empezando a reventar las costuras del confeccionado muncipio de Coacalco, los vecinos de Calpulli del Valle y comunidades aledañas dieron una lección de dignidad al frenar en seco una sesión de Cabildo del alcalde David Sánchez. Cansados de la presunta complicidad oficial en proyectos urbanos irregulares que devoran sus terrenos, los manifestantes no solo exigieron frenar los permisos de construcción e impacto ambiental, sino que escalaron el conflicto pidiendo la intervención de la Fiscalía Anticorrupción. La ciudadanía ya no se calla, y esa es la peor noticia para los alcaldes que pretenden heredar o repetir en el cargo.


Todo estos enredos tienen una explicación de calendario: agosto. La dirigente estatal de Morena, Luz María Hernández, ya avisó que en ese mes se emitirá la convocatoria formal para los registros y encuestas rumbo a las diputaciones locales y alcaldías. El anuncio de que quienes busquen reelegirse deberán separarse del cargo mediante licencia ha encendido las alarmas. El filtro será duro: si se inscriben más de seis aspirantes, habrá un sondeo previo para dejar sólo a seis perfiles en la encuesta final.

Ahí es donde la “grilla” quema. Las bases de Morena en el Edomex ya pintaron su raya y han lanzado un grito de guerra: no a los “chapulines”. La militancia fundadora está harta de ver cómo personajes del PRI o del PAN saltan de barco a última hora y se quedan con las candidaturas que ellos trabajaron desde abajo.

¿Se mantendrá la pureza ideológica o ganará el pragmatismo de las cúpulas? En el Estado de México la moneda está en el aire. Por ahora, entre simulaciones de secuestros, palcos VIP, pleitos de tierras y protestas vecinales, los alcaldes mexiquenses nos demuestran que, en la carrera por sobrevivir políticamente, la vergüenza es lo primero que se pierde. ¿Será verdad todo lo que suena? Al tiempo.