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Por Ulises M.
A quien no le está yendo nada bien en el termómetro de las redes sociales es a la presidenta municipal de Cuautitlán, Juana Carrillo. Su reciente transmisión en vivo desde un palco en el Estadio Azteca, durante el partido entre México y Ecuador, encendió las alertas de varios medios de comunicación. El reclamo principal: una supuesta falta de la “pobreza franciscana” y la austeridad republicana que tanto ha machacado la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum.

Y es que, tal como está el caldero político en la tierra de Juan Diego, la oposición —particularmente el PRI, que clama por recuperar el municipio— no iba a dejar pasar el viaje de la gobernante. Sin embargo, en la arena política actual, es indispensable aquilatar las cosas en su justa dimensión.
Pongamos los datos sobre la mesa. El evento fue en la Ciudad de México, a escasos 45 minutos del Estado de México. Aunque hoy muchos se rasguen las vestiduras señalando que la alcaldesa ocupaba un espacio VIP con un costo estimado de 150 mil pesos, el linchamiento palquero peca de corta memoria. Esto no se compara, ni de lejos, con los excesos de hace dos décadas, cuando funcionarios de administraciones pasadas viajaban como “nuevos ricos” a los Juegos Olímpicos de Atenas o a los Mundiales de Alemania. El propio exgobernador Eruviel Ávila tuvo que exigir en su momento prudencia a los munícipes ante tales desplantes de opulencia en el extranjero.
No se trata de minimizar el sentir de los ciudadanos, estimados lectores. El reclamo por la congruencia ética de los gobernantes siempre será válido. Sin embargo, desgastarse en una batalla campal por una ida al Estadio Azteca distrae de lo verdaderamente importante. Lo que urge exigir a la actual administración son cuentas claras, vialidades transitables y servicios públicos dignos; algo que no pudo cumplir la pasada administración. Además las verdaderas carencias en las que han dejado sumido a Cuautitlán, y ninguna de ellas se resuelve ni se empeora por ir a un partido de fútbol local.
Por otra parte, a la presidenta Juana Carrillo no le queda de otra más que apagar el ruido digital con la única moneda que no se devalúa: el trabajo y los resultados. Todavía hay tiempo de enderezar el rumbo, pero para lograrlo urge revisar su estrategia. La percepción ciudadana actual es el reflejo de una comunicación social deficiente y un asesoramiento débil que no ha sabido blindar su imagen.
Al final del día, lo que se proyecta en las benditas —y a veces malditas— redes sociales no abona al proyecto nacional de prudencia mundialista de Claudia Sheinbaum, ni a la línea de discreción de la gobernadora Delfina Gómez. Cuautitlán necesita más obra y menos distractores; al Palacio Municipal se va a gobernar, y la mejor cancha para demostrarlo es la de las calles del municipio.