¿Ya inciaron las campañas políticas en Cuautitlán, México?

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Por Fernando P.

El termómetro político en el Estado de México siempre ha sido de mecha corta, pero lo que está ocurriendo en Cuautitlán raya en el adelanto flagrante de los tiempos electorales. Aunque el calendario oficial dista mucho de marcar el inicio de las hostilidades por las alcaldías, en las calles el ambiente ya se corta con tijera. El detonante más reciente tuvo lugar en la comunidad de San Blas, un episodio que no solo desató la polémica local, sino que dejó al descubierto las estrategias y las debilidades de los bloques que pretenden dominar el municipio más emblemático del Valle de México.

Los hechos en San Blas se leen desde dos ópticas distintas. Por un lado, la narrativa de la oposición acusa que la dirección de Gobierno del municipio suspendió una campaña de salud, un acto que encendió los ánimos de los asistentes. Mientras que la administración municipal manifiesta se trataba de lucrar con productos cuando la jornada era de beneficiencia; por ello, debieron pedir permiso a desarrollo económico. Entre el descontento, resonó un grito que el PRI y sus aliados no tardaron en capitalizar como un mantra de guerra: “¡Los vamos a sacar!”. Envalentonados por el eco de esa consigna, algunos liderazgos del tricolor cuautitlense salieron a asegurar, casi con un determinismo mesiánico, que el PRI es el único partido capaz de arrebatarle el poder a la Cuarta Transformación en las próximas elecciones.

Sin embargo, pecan de soberbia quienes pretenden vender la idea de que un triunfo electoral en otros estados —como el de Coahuila en su momento— se va a replicar de manera automática y por ósmosis en el suelo cuautitlense. Una cosa es el microcosmos de San Blas y otra, muy distinta, la compleja realidad de todo Cuautitlán. Es verdad que la oposición busca cualquier rendija para capitalizar el malestar social, pero cometen el error de subestimar al ciudadano.

La sociedad tiene memoria y el costo político no se borra con discursos de campaña anticipada. La población de Cuautitlán no olvida los rostros ni las gestiones de aquellos que, debido a los malos resultados, la opacidad y el abandono, terminaron por entregarle el poder a Morena en Cuautitlán. Pretender regresar al palacio municipal con las mismas fórmulas y los mismos personajes que provocaron el hartazgo social es una apuesta arriesgada, por no decir poco viable.

Por el otro lado de la moneda, es una llamada de atención urgente para el partido en el poder. Es el momento de que Morena demuestre su verdadero músculo político. No basta con colgarse de la marca; es imperativo echar mano de sus mejores hombres y mujeres, perfiles probos y pies de plomo, para sacar adelante el proyecto de la 4T como lo hace la gobernadora Delfina Gómez quien con sus acciones de gobierno ha tratado de consolidar su liderazgo en cada rincón mexiquense.

Las cartas están echadas sobre la mesa mucho antes de lo previsto. En los meses por venir, seremos testigos de un intenso estira y afloja, un juego de ajedrez donde la estrategia del PRI consistirá en picar la cresta, sembrar la narrativa del caos y buscar que Morena caiga en provocaciones que desgasten su imagen. Al final, la última palabra la tendrá una ciudadanía que observa y tiene memoria.

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